viernes, 23 de enero de 2015

Símbolos rúnicos en América. El regreso a la tierra ancestral



Las crónicas de autores como fray Gregorio García, Hugo van Groot, Sufrido Pedro, Johann Philipp Cassel y Marcus Zuerius Boxhornio, entre otros, atestiguaron la presencia a nivel continental de una población precolombina distinta a los indígenas. Estos observadores, basándose tanto en las características fisonómicas como culturales de este grupo, concluyeron que se trataba de población nórdica arribada a América con antelación a la empresa de Cristóbal Colón. De ahí, por ejemplo, que Hugo van Groot en De origine gentium americanarum dissertatio (1642), aseverara que los nativos emplazados al norte de Panamá, a excepción de aquellos del Yucatán, descendían de los noruegos. Van Groot basaba sus ideas en observaciones lingüísticas: La mayoría de los topónimos terminaban en el sufijo germano land, “tierra”, como en Mazatlán, Tochtlán y Tenochtitlán. En tanto, Sufrido Pedro en De Frisi antiquit et origine (1698), sostenía la misma idea de fray Gregorio García al determinar que supuesto la destreza en la navegación y del deseo de ver cosas nuevas, no es difícil deducir que los indios de Chile y aún los del Perú descendían de los frisios.

En los tiempos del Descubrimiento, la Conquista y la Colonia, estas poblaciones fueron denominadas indios blancos y se caracterizaban por el color claro de la piel, la barba y el tipo de cráneo dolicocéfalo, factores étnicos ajenos a los indígenas. El origen de este grupo primigenio se remonta a la tierra polar antártica, el gran centro de la humanidad blanca y clara como dilucidara el profesor Roberto Rengifo, quienes se vieron obligados a emprender extensas migraciones tras la búsqueda de mejores condiciones de hábitat a raíz del último Gran Diluvio que tuvo lugar en torno a 13.000 años, tal como lo estableció Hans Hörbiger en la Cosmogonía Glacial (1913), magno evento comprobado como un hecho real conforme a los análisis geológicos expuestos en la Unión Geofísica Americana en el año 2007 y por numerosos estudios multidisciplinarios desarrollados desde entonces. Sin embargo, la migración hacia otras latitudes no fue total, pues los remanentes de este tronco prediluvial sentaron las bases para las civilizaciones americanas. Ellos fueron los viracochas o Dioses Blancos de los mitos prehispánicos.

Por estas razones, el arribo de grupos nórdicos a partir del siglo X a América, o como ellos denominaron al continente, Huitramannaland, es decir, la tierra de los hombres blancos, fue en realidad, el retorno a la tierra ancestral.

Los símbolos rúnicos encontrados en América corresponden, de esta forma, a expresiones tanto de los aborígenes del continente -los primitivos indios blancos- como a las huellas de los grupos nórdico-vikingos que arribaron posteriormente en diversas oleadas.

Símbolos rúnicos en América. El regreso a la tierra ancestral. Prólogo de Vicente Pistilli. Quito, Enero de 2015. 242 páginas.