jueves, 24 de abril de 2014

Patagonia: Resto de un antiguo continente hoy sumergido. O el núcleo zoogénico antártico. De Francisco P. Moreno

 

En la conferencia dictada en Julio de 1882, Patagonia: Resto de un antiguo continente hoy sumergido, el geólogo y etnólogo Francisco P. Moreno fundamentaba las bases de la existencia de un antiquísimo núcleo zoogénico antártico, laboratorio geomorfológico desde donde emanaron diversas formas de vida orgánica. En este sentido, Moreno ha indicado que la región austral aparece como el resto de un gran continente, hoy sumergido, donde han vivido y evolucionado seres desde tiempos geológicos muy remotos y si los materiales recogidos hasta ahora en esas tierras son muy reducidos si se les compara con los de los Estados Unidos, son por lo menos suficientes para comprobar lo que dejamos dicho, esto es, que Patagonia es el resto de un antiquísimo centro de dispersión de seres organizados, invertebrados y vertebrados, desde la misma época que los de Europa y Norteamérica, y que, por regla general, la misma evolución gradual ha seguido aquí el desarrollo de esa fauna, hoy casi extinguida, y que la han acompañado los mismos fenómenos que en el hemisferio norte.

Comprueban estas ideas en el campo antropológico los descubrimientos de cráneos dolicocéfalos realizados por el propio Moreno en la Patagonia, que motivó al antropólogo Paul Broca -fundador de la Société d’Anthropologie (1859) y de la École d’Anthropologie (1875) de Francia- a declarar que acaso la luz sobre los orígenes del hombre no habría de buscarse en el Nuevo Mundo en lugar de en el Viejo; o bien, al antropólogo físico Paul Topinard, a sugerir si su patria real no sería la América del Sur austral. De allí las razones esgrimidas por Moreno al manifestar que el hombre fósil europeo tiene pues, su puesto étnico en el hemisferio sur y se confirma en este caso lo dicho para la fauna, en la persistencia de las formas fósiles.

Los cráneos dolicocéfalos de la humanidad primitiva americana descubiertos por Moreno en la Patagonia corresponden a los paleoamericanos, originarios del archipiélago antártico, que por entonces decenas de miles de años atrás, era el gran centro de la humanidad blanca y clara de acuerdo al profesor Roberto Rengifo.

Este grupo primigenio y civilizador se extenderá de sur a norte por América, para luego irradiar su cultura a otras latitudes del mundo.

Patagonia: Resto de un antiguo continente hoy sumergido. O el núcleo zoogénico antártico. De Francisco P. Moreno. Edición, prólogo y notas de Rafael Videla Eissmann. Ediciones Tierra Polar. Santiago de Chile, Abril de 2014. 127 páginas.

sábado, 1 de marzo de 2014

El Enladrillado: Vestigios prediluviales en los Andes

Эль-Энладрильядо: допотопные следы в Андах 


Trabajo de Rafael Videla Eissmann sobre la enigmática meseta de El Enladrillado, en la Región del Maule, en Chile, publicado en Кронос (“Cronus. Almanaque sobre antiguas civilizaciones”. Volumen II). Veche. Moscú, Febrero de 2014.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Into the Darkness


 

“Hacia la oscuridad” son los sueños (“poemas”) del moribundo, de aquel que muere para renacer, en el recuerdo del pasado-futuro, más allá del tiempo. Es la reminiscencia del peregrino, del exiliado, evocación de la totalidad perdida que se vislumbra en la luz de las lágrimas de aquella diosa que transformó la Eternidad en Tiempo y al AMOR en el Rito del Recuerdo en las trágicas aguas del destino y la fatalidad. Distribución privada. Madrid, Octubre de 2013. 42 páginas.

sábado, 22 de junio de 2013

Desde la Atlántida. Conversaciones con Miguel Serrano



Segunda edición de “Desde la Atlántida”, selección de algunas de las conversaciones sostenidas entre Miguel Serrano y el autor. Serrano fue el creador de obras como Las visitas de la Reina de Saba (1960), El Círculo Hermético (1965), ELELLA (1973) y NOS, el Libro de la Resurrección (1980). Figuran los capítulos “Venus, la Estrella Solitaria”, “El sumergimiento de la Atlántida y de un hemisferio cerebral”, “El Gral”, “Los Ovnis” y “El Kristianismo Esotérico” y “El Sol Negro”, entre otros campos.

Desde la Atlántida. Conversaciones con Miguel Serrano. Segunda edición, corregida y aumentada. Ediciones Tierra Polar. Madrid, Junio de 2013. 138 páginas.

lunes, 4 de febrero de 2013

Los Dioses Extraterrestres y el regreso de B’olon Yokte’K’uh



La antropología e historia oficial sobre el mundo precolombino se enfrentan con vestigios que sencillamente no encajan con la cronología o con la visión propuesta: Los menhires de la Patagonia, la meseta de El Enladrillado (la Meseta de los Dioses), Tiahuanaco o los geoglifos del altiplano andino, simplemente no corresponden al desarrollo de las culturas indígenas, pues pertenecen en realidad, al grupo aborigen, es decir, al grupo que antecedió a los indígenas.

Alrededor de 13.000 años atrás una catástrofe cósmica asoló a la Tierra, magno evento recordado como el Diluvio o la Gran Catástrofe, hito que significó la migración transcontinental de los primigenios habitantes del continente americano. Sin embargo, esta migración no fue total pues resabio de este grupo prediluvial fue presenciado por los europeos de los tiempos del Descubrimiento y la Conquista, e incluso, por numerosos testigos durante el siglo XX. Se trata de los indios blancos, los descendientes de los míticos Dioses Blancos o viracochas, los hombres-dioses portadores y difusores de las ciencias sagradas que iniciaron las civilizaciones americanas y cuyos orígenes, de acuerdo a las tradiciones prehispánicas, se remonta a la Patagonia, resto de un continente sumergido, y aún más al sur, a la Antártida, cuna de la humanidad.

Los viracochas fueron los dioses descendidos del cielo, de las estrellas, es decir, los Dioses Extraterrestres, los ancestros deificados.

Esta concepción dista de ser una nueva noción historiográfica pues las tradiciones de hindúes, asirios, germanos, araucanos y mayas, entre otras culturas, dan cuenta de ello; es de hecho, una reminiscencia y evocación de los propios mitos áureos -la primera historia- sobre aquellos hombres-dioses que descendieron del cielo y fundaron las civilizaciones de la antigüedad.

Tal como lo indican los mitos, el regreso de los Dioses ha de significar el nuevo Götterdämmerung, esto es, el Diluvio o Apachiohualiztli de la tradición mesoamericana, generado por la deidad B’olon Yokte’ K’uh y que de acuerdo al calendario maya acontecerá al finalizar el 13 Bak’tun.

Entonces, nuevamente, la historia será mito.

Los Dioses Extraterrestres y el regreso de B’olon Yokte’K’uh. Málaga, Enero de 2013. 524 páginas. 

jueves, 15 de noviembre de 2012

Giovanni Corradini, Escritos del Arte y del Espíritu



Giovanni Corradini (1911-1985) fue un extraordinario artista italiano, que junto con realizar una interesante labor como ilustrador, pintor y restaurador de cuadros en América del Sur, desarrolló una serie de escritos donde expuso con prestancia la naturaleza sutil y profunda de su espíritu manifestada en las temáticas abordadas, tales como el origen y significado de determinadas obras de arte, las cuales muchas veces se hallan codificadas por medio de símbolos y alegorías. Acaso por estas razones Corradini ha indicado que la práctica del arte, el trabajo, la actividad, dejan de ser el bíblico “sudor de la frente”, la carga pesada que cada hombre lleva sobre sus hombros, para transformarse en un medio de conocimiento a través de la íntima comunión con la esencia de las cosas y con la verdad que en ellas reside. Si damos a la palabra religión su amplio significado de “lo que une” (re-ligo) el hombre a un principio superior, la práctica del arte, así concebida, es religión.

Es decir, el arte no como oficio sino como una herramienta de conocimiento –e incluso, de revelación– del hombre y del mundo. Por ello, acertadamente, Corradini ha resuelto que el artista que logra librarse de todo lo que hay en él de individual y retraerse en el Koinos-Kosmos, en el principio universal que mora en su interioridad, entra en contacto con el Logos y se pone en armonía con él. Su obra será una transposición de su contemplación del rostro divino de Apolo, el Dios que preside las Musas, un instrumento de la manifestación de la divinidad y él habrá realizado una vez más el misterio de la Epifanía. Compilación, prólogo y notas de Rafael Videla Eissmann. Quito, Noviembre de 2012. 248 páginas.

jueves, 18 de octubre de 2012

La Ciudad de los Césares y el misterio de los indios blancos



Prácticamente desde la irrupción de los conquistadores en el territorio de Chile, se emprendió la búsqueda de un misterioso y fascinante emplazamiento en el ignoto sur, poblado por indios “blancos, de barba cerrada, y por lo común de estatura más que regular”.

Este asentamiento fue conocido como la Ciudad Encantada y tras las observaciones realizadas por el Capitán Francisco César en 1528 sobre las “grandes riquezas de oro y plata y piedras preciosas” en el sur de Chile, pasó a denominarse “lo de César” y, posteriormente, la “Ciudad de los Césares”.

Con el paso del tiempo, la fascinación por este inaccesible lugar acrecentó su fama y atracción, cubriéndose con imaginativos elementos hasta devenir en una quimera de riquezas materiales y espirituales. Sin embargo, ¿quiénes fueron los “indios blancos”, los habitantes de la Ciudad Encantada?

Contrariamente a la creencia que atribuye su origen a los naufragios o al rapto de mujeres europeas realizado por los indígenas, el misionero y testigo de los “indios blancos”, Tomás Falkner, hizo una clara distinción al determinar que los Césares son una gente muy crecida y agigantada, tanto, que por el tamaño del cuerpo no pueden andar a caballo sino a pie. Estos indios son los verdaderos Césares; que los que vulgarmente llaman así, no son sino españoles, que anduvieron perdidos en aquella costa, y que habitan junto al río que sale del valle, en las inmediaciones de los indios Césares; y por la cercanía que tienen a esta nación, les dan vulgarmente el mismo nombre, no porque en la realidad lo sean.

Los “indios blancos” fueron llamados aucahuincas por los indígenas. Su origen se remonta al tiempo mítico de los viracochas, los dioses civilizadores de América. Quito, Octubre de 2012. 244 páginas.