Junto a la edición completa de El Secreto de la América Aborigen y El Papel del Territorio de Chile en la Evolución de la Humanidad Prehistórica del profesor Roberto Rengifo
Desde el denominado Descubrimiento de América, realizado por la empresa de Colón en 1492, numerosos conquistadores, cronistas y exploradores, dieron cuenta de la presencia de una población aborigen diferente a la de los indígenas. Se trataba de los “indios blancos”, es decir, los descendientes de los legendarios Dioses Blancos o Viracochas, los primigenios habitantes del continente.
Como consecuencia de la catástrofe planetaria acontecida hace 13000 años, magno evento conocido como el Diluvio, esta población habría migrado desde América hacia Eurasia, llevando consigo sus símbolos y tradiciones. Por ello el historiador Claudio Elién, en el siglo III, basándose en una antigua fuente griega, indicaba que “existe un verdadero continente más allá del Océano, cuyos habitantes visitaron antaño nuestro hemisferio”.
Sin embargo, dicha emigración no fue total, quedando resabios de este grupo primigenio, quienes fueron consignados por los cronistas a partir del siglo XVI, precisamente como los “indios blancos” y quienes eran considerados por los restantes indígenas, como los “hijos de los dioses”.
La existencia de esta población precolombina se comprueba en numerosas crónicas, en fuentes etnohistóricas y en la iconografía aborigen. Sus vestigios, que no tienen vinculación alguna con las actuales poblaciones indígenas, corresponden a las construcciones megalíticas encontradas desde Tierra del Fuego a Norteamérica.
El origen de este grupo aborigen se remonta a la Antártica, en una época anterior a su condición glacial, cuando este continente era, en la visión del profesor Roberto Rengifo, el gran centro de la humanidad blanca y clara. Acaso por ello Alonso de Ercilla y Zúñiga escribió sobre la región antártica famosa, hecho que se corrobora por medio de los “mapas imposibles” de Francesco Rosselli (1508), Piri Reis (1513), Lopo Homem (1519), Orontius Finaeus (1531), Gerard de Jode (1593), Matthias Quad (1600) y Phillippe Buache (1754), los cuales representan al continente antártico antes de su “descubrimiento oficial” efectuado en 1799.
Desde la Antártida, los Viracochas emprendieron su marcha de sur a norte por América. Son los antepasados divinizados, los venerados Dioses Blancos, los “héroes culturales” que transmitieron las ciencias sagradas, los símbolos y las tradiciones.
Como consecuencia de la catástrofe planetaria acontecida hace 13000 años, magno evento conocido como el Diluvio, esta población habría migrado desde América hacia Eurasia, llevando consigo sus símbolos y tradiciones. Por ello el historiador Claudio Elién, en el siglo III, basándose en una antigua fuente griega, indicaba que “existe un verdadero continente más allá del Océano, cuyos habitantes visitaron antaño nuestro hemisferio”.
Sin embargo, dicha emigración no fue total, quedando resabios de este grupo primigenio, quienes fueron consignados por los cronistas a partir del siglo XVI, precisamente como los “indios blancos” y quienes eran considerados por los restantes indígenas, como los “hijos de los dioses”.
La existencia de esta población precolombina se comprueba en numerosas crónicas, en fuentes etnohistóricas y en la iconografía aborigen. Sus vestigios, que no tienen vinculación alguna con las actuales poblaciones indígenas, corresponden a las construcciones megalíticas encontradas desde Tierra del Fuego a Norteamérica.
El origen de este grupo aborigen se remonta a la Antártica, en una época anterior a su condición glacial, cuando este continente era, en la visión del profesor Roberto Rengifo, el gran centro de la humanidad blanca y clara. Acaso por ello Alonso de Ercilla y Zúñiga escribió sobre la región antártica famosa, hecho que se corrobora por medio de los “mapas imposibles” de Francesco Rosselli (1508), Piri Reis (1513), Lopo Homem (1519), Orontius Finaeus (1531), Gerard de Jode (1593), Matthias Quad (1600) y Phillippe Buache (1754), los cuales representan al continente antártico antes de su “descubrimiento oficial” efectuado en 1799.
Desde la Antártida, los Viracochas emprendieron su marcha de sur a norte por América. Son los antepasados divinizados, los venerados Dioses Blancos, los “héroes culturales” que transmitieron las ciencias sagradas, los símbolos y las tradiciones.







