jueves, 15 de noviembre de 2012

Giovanni Corradini, Escritos del Arte y del Espíritu



Giovanni Corradini (1911-1985) fue un extraordinario artista italiano, que junto con realizar una interesante labor como ilustrador, pintor y restaurador de cuadros en América del Sur, desarrolló una serie de escritos donde expuso con prestancia la naturaleza sutil y profunda de su espíritu manifestada en las temáticas abordadas, tales como el origen y significado de determinadas obras de arte, las cuales muchas veces se hallan codificadas por medio de símbolos y alegorías. Acaso por estas razones Corradini ha indicado que la práctica del arte, el trabajo, la actividad, dejan de ser el bíblico “sudor de la frente”, la carga pesada que cada hombre lleva sobre sus hombros, para transformarse en un medio de conocimiento a través de la íntima comunión con la esencia de las cosas y con la verdad que en ellas reside. Si damos a la palabra religión su amplio significado de “lo que une” (re-ligo) el hombre a un principio superior, la práctica del arte, así concebida, es religión.

Es decir, el arte no como oficio sino como una herramienta de conocimiento –e incluso, de revelación– del hombre y del mundo. Por ello, acertadamente, Corradini ha resuelto que el artista que logra librarse de todo lo que hay en él de individual y retraerse en el Koinos-Kosmos, en el principio universal que mora en su interioridad, entra en contacto con el Logos y se pone en armonía con él. Su obra será una transposición de su contemplación del rostro divino de Apolo, el Dios que preside las Musas, un instrumento de la manifestación de la divinidad y él habrá realizado una vez más el misterio de la Epifanía. Compilación, prólogo y notas de Rafael Videla Eissmann. Quito, Noviembre de 2012. 248 páginas.

jueves, 18 de octubre de 2012

La Ciudad de los Césares y el misterio de los indios blancos



Prácticamente desde la irrupción de los conquistadores en el territorio de Chile, se emprendió la búsqueda de un misterioso y fascinante emplazamiento en el ignoto sur, poblado por indios “blancos, de barba cerrada, y por lo común de estatura más que regular”.

Este asentamiento fue conocido como la Ciudad Encantada y tras las observaciones realizadas por el Capitán Francisco César en 1528 sobre las “grandes riquezas de oro y plata y piedras preciosas” en el sur de Chile, pasó a denominarse “lo de César” y, posteriormente, la “Ciudad de los Césares”.

Con el paso del tiempo, la fascinación por este inaccesible lugar acrecentó su fama y atracción, cubriéndose con imaginativos elementos hasta devenir en una quimera de riquezas materiales y espirituales. Sin embargo, ¿quiénes fueron los “indios blancos”, los habitantes de la Ciudad Encantada?

Contrariamente a la creencia que atribuye su origen a los naufragios o al rapto de mujeres europeas realizado por los indígenas, el misionero y testigo de los “indios blancos”, Tomás Falkner, hizo una clara distinción al determinar que los Césares son una gente muy crecida y agigantada, tanto, que por el tamaño del cuerpo no pueden andar a caballo sino a pie. Estos indios son los verdaderos Césares; que los que vulgarmente llaman así, no son sino españoles, que anduvieron perdidos en aquella costa, y que habitan junto al río que sale del valle, en las inmediaciones de los indios Césares; y por la cercanía que tienen a esta nación, les dan vulgarmente el mismo nombre, no porque en la realidad lo sean.

Los “indios blancos” fueron llamados aucahuincas por los indígenas. Su origen se remonta al tiempo mítico de los viracochas, los dioses civilizadores de América. Quito, Octubre de 2012. 244 páginas.

lunes, 15 de octubre de 2012

Historias Ociosas. Cuentos y relatos de Héctor Barreto



Héctor Barreto (1917-1936) fue una figura-símbolo de la Generación del ’38 de la literatura chilena, conformada por artistas como Eduardo Anguita, Braulio Arenas, Omar Cáceres, Teófilo Cid, Enrique Gómez-Correa, Fernando Marcos, Miguel Serrano y Jaime Rayo, entre otros. 

Sobre Barreto, Serrano escribió: ¡Oh, amigo, ¿dónde estás ahora? Tu muerte fué un símbolo para un sector de mi generación, tu muerte quemó una etapa para siempre. Después que tú te fuiste el aire se rompió y todos nosotros, que vivíamos retraídos y solitarios, fuimos proyectados a la acción y al mundo externo. Nos cogió la vida, con sus odios, sus luchas, sus amores y sus pasiones. Y también sucedió un fenómeno extraño. Entramos a saco en tu presencia y tu recuerdo. Nos apoderamos de tus gestos y actitudes. Así, por mucho tiempo, alguno de nosotros sonreía como tú, otro se puso tu abrigo como un manto bendito y alguien, hasta hoy, en tu recuerdo, cuenta historias y cuida la noche sagrada, como tú lo hiciste.

Barreto vivió inmerso en un mundo onírico y mágico, quizás como Aliro, el personaje central de uno de sus cuentos, “El Pasajero del Sueño”. 

Sus cuentos -que él llamaba “historias ociosas”- son únicos en la literatura hispanoamericana. Algunos de éstos son “La Perfecta Belleza”, “La Velada”, “La Ciudad Enferma”, “La Forma”, “Rito a Narciso”, “Jasón” y “La Niña-Flora”. 

Barreto murió asesinado en misteriosas circunstancias el 23 de Agosto de 1936, a la edad de diecinueve años. El derrotero de su existencia quizás se encuentra sintetizado en una frase que el mismo Barreto expresara: Mito. Utopía. Sueño: Lo único digno de buscar. Con material anexo sobre la Generación del ’38. Quito, Octubre de 2012. 304 páginas.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Mitos del Polo Antártico. Cosmogonía y antropogonía de la civilización prediluvial



Contraviniendo todo dogma historiográfico y antropológico, el profesor Roberto Rengifo sostuvo en las primeras décadas del siglo XX el origen polar antártico del hombre y el desarrollo de la civilización americana de sur a norte. Fundamentaba su aserto en los versos de La Araucana (1569), de Alonso de Ercilla y Zúñiga:

“Chile, fértil provincia y señalada,
en la región antártica famosa,
de remotas naciones respetada,
por fuerte, principal y poderosa”.

Esta región antártica famosa, contrario a toda presunción de la historiografía oficial, se encuentra consignada en los mapas imposibles de Francesco Rosselli (1508-1521), Piri Reis (1513), Lopo Homem (1519), Orontius Finaeus (1531), Giorgio Sideri Callapoda (1537), Gerard de Jode (1593), Matthias Quad (1600) y Phillippe Buache (1754). En su conjunto, estos mapas presentan la existencia de un gran continente austral a pesar que la Antártida fue observada de acuerdo a los anales ortodoxos por primera vez en 1799 por el navegante John Cook.

Según Rengifo, tras la Gran Catástrofe o Diluvio, es decir, “el hundimiento de las tierras que rodeaban al Polo Sur”, los sobrevivientes alcanzaron la Patagonia, región desde la cual emprenderán su marcha civilizadora por el continente. Estos sobrevivientes fueron los ancestros deificados de la población primitiva americana, los Viracochas o Lituche, los “primeros hombres”.

Fragmentos de la civilización prediluvial se preservaron en los mitos cosmogónicos, teogónicos y antropogénicos de las culturas australes, siendo acaso los selk’nam uno de los ejemplos más significativos, pues ellos perpetuaron hasta su exterminación acontecida en las primeras décadas del siglo XX, la ceremonia Háin, evocación simbólica de la última catástrofe diluvial que recreaba la pugna entre el matriarcado y el patriarcado.

El mito es Logos, la ‘Palabra Verdadera’, la ‘Narración Sagrada’, que en el caso de los pueblos australes de América del Sur, permite vislumbrar la herencia inmaterial de la civilización de la Antártida, el Continente de la Luz. Quito, Agosto de 2012. 296 páginas.

Cobrizos, blancos y negros. Aborígenes de América



¿Fueron las poblaciones indígenas las únicas que habitaron América en los tiempos precolombinos? Esta interrogante fue abordada ya desde el denominado “Descubrimiento” de 1492 por numerosos cronistas y misioneros, quienes registraron la existencia de diversos grupos étnicos en el continente. Pues tal como manifestó fray Gregorio García en El Origen de los Indios del Nuevo Mundo e Indias Occidentales (1607), América fue poblada en tiempos diferentes, por diversas naciones o tribus, llegadas unas por el Oriente y otras por el Occidente.

Sin embargo, la antropología y la historiografía ortodoxa han forjado una visión dogmática que no acepta aquello que las propias crónicas y fuentes etnohistóricas consignan, y más aún, lo que el propio arte precolombino ha plasmado en numerosas representaciones: La presencia en América, con antelación al arribo de los peninsulares del siglo XV, de diversos grupos raciales.

Testigo de estas poblaciones, Víctor Larco Herrera desarrolló el ensayo titulado Cobrizos, blancos y negros. Aborígenes de América, publicado originalmente en Santiago de Chile en 1934, donde buscó aproximarse a los orígenes de estos grupos prehispánicos y su destino. Como el propio Larco Herrera ha explicado, la mayoría de los autores afirman que el tipo racial americano se caracteriza predominantemente por el color cobrizo de la piel del hombre. Esto es indiscutible, pero no excluye la certeza de que también hubo y hay hombres originarios, de piel blanca y de piel negra. Edición, prólogo y notas de Rafael Videla Eissmann. Quito, Agosto de 2012. 140 páginas.

El Próximo Diluvio



El Próximo Diluvio, de Arthur Posnansky (1873-1946), fue publicado originalmente en 1919 en Bolivia bajo el título La Hora Futura. Es quizás un trabajo alternativo a la labor de investigación antropológica y arqueológica desarrollada por Posnansky, pues aborda una visión basada en la Cosmogonía Glacial del devenir de las culturas y del destino de los hombres, en una interesante reflexión que reúne campos como la eugenesia, la sociología y la antropología, junto a las tradiciones del Diluvio.

Conocedor del advenimiento de la Gran Catástrofe, Posnansky ha propuesto la creación de refugios para el próximo Diluvio: Sin duda las grandes altiplanicies del Tíbet, de los Andes y de México serán los refugios más seguros en los momentos más críticos del cataclismo venidero. Prólogo y notas de Rafael Videla Eissmann. Quito, Agosto de 2012. 116 páginas.

Los Enigmas del Reino Solar. De acuerdo a la Cosmogonía Glacial de Hans Hörbiger



La Cosmogonía Glacial (1913) de Hans Hörbiger y Philipp Fauth, ha planteado una nueva visión acerca del origen del sistema solar, su composición y estructura, desarrollando al mismo tiempo, una nueva visión sobre la edad geológica de la Tierra y por lo mismo, una nueva visión del hombre y la historia. En ese sentido, la Cosmogonía Glacial sustenta el eterno combate entre dos elementos opuestos y complementarios: El hielo y el fuego, como principios cósmicos, y las fuerzas de repulsión y atracción que se generan a partir de esta dinámica. Esta conflagración que rige a los espacios cósmicos y a los cuerpos celestes, rige asimismo a la Tierra.

Uno de los principales sustentadores de la Cosmogonía Glacial fue el pionero de la aeronáutica Max Valier (1895-1930), quien junto a figuras como Johannes Winkler, Herman Oberth, Willy Ley, Klaus Riedel y Wernher von Braum, fundaron en Julio de 1927 la Sociedad Alemana para los Vuelos Espaciales, la cual sentará las bases para el desarrollo de los cohetes y vuelos espaciales en la segunda mitad del siglo XX.

El presente trabajo de Max Valier, Los Enigmas del Reino Solar, publicado originalmente en Leipzig en 1924, es una obra introductoria a la Cosmogonía Glacial y cumple, de esta manera, con el objetivo de difundir sus principales postulados en torno al origen del sistema solar, su composición y estructura, la formación de los planetas y la mecánica cósmica sustentada en las dos fuerzas que dominan el espacio, esto es, las fuerzas de atracción y repulsión. La obra aborda, además, las repercusiones que esta estructura cósmica ejerce sobre la Tierra, principalmente la asimilación por parte de la Tierra de las lunas y sus catastróficas consecuencias geológicas y culturales. Prólogo y notas de Rafael Videla Eissmann. Quito, Agosto de 2012. 176 páginas.

viernes, 3 de agosto de 2012

Aura Catena. Testimonios sobre Miguel Serrano



Esta obra recoge testimonios sobre Miguel Serrano (1917-2009), realizados por personas que lo conocieron en diversas épocas y circunstancias. Serrano es el autor de obras como la Antología del verdadero cuento en Chile (1938), Ni por mar ni por tierra… Historia de una generación (1950), Quien llama en los hielos (1957), Las Visitas de la Reina de Saba (1960), La Serpiente del Paraíso (1963), El Círculo Hermético. De Herman Hesse a C. G. Jung (1965), La Flor Inexistente (1969), ELELLA. Libro del Amor Mágico (1973), NOS. El Libro de la Resurrección (1980), El Cordón Dorado. Hitlerismo Esotérico (1978), Adolf Hitler. El Último Avatãra (1982), Manú. Por el Hombre que vendrá (1991) y Maya, la realidad es una ilusión (2004), entre otros títulos.

Los testimonios aquí presentados  componen un campo transversal de vivencias e ideas, inmersas en un eco trascendente, en un sonido prístino que se vislumbra más allá de las palabras. En este sentido, en El Cordón Dorado, Serrano escribió: Por debajo de las aguas, quizás por donde termina la corteza del planeta, se desliza el Cordón Dorado, la Aura Catena que conecta a los seres de una misma Raza del Espíritu, de un mismo Astro, a través de todos los continentes de la tierra externa e interna y los hace camaradas en una Guerra comenzada con la Creación. Aquí no puede  haber defecciones ni capitulaciones. No se cambia de lado en el Conflicto. Sólo existe un breve descanso en la muerte. Porque los guerreros son eternos, inmortales.

La obra de Miguel Serrano se ha concentrado en un mensaje de transmutación de todos los valores y del hombre. Por eso, él ha escrito que bien o mal elegido, con mayor o menor suerte, esta encarnación en el Eterno Retorno es nuestro campo de batalla, nuestra individualidad. El sacrificio va dirigido al Selbst, a Nosotros-Mismos, a nuestra perdida divinidad, tratando de transmutar al homo de terra, el plomo, para dar vida al homo de coelo, el aurum potabile, el Vellocino de Oro. Teniendo que contar, además, con una “falla” en el continuum espacio tiempo (un parpadeo de Kronos-Saturno) para poder salir, retornar, escapar.

Es el sendero simbólico y real que debe recorrerse levógiramente, hacia atrás, hacia el interior, alcanzando los orígenes, el pasado-futuro, remontando la prisión de los Dioses del Tiempo y de la Gravitación, con la velocidad levógira de un disco de luz. Ediciones Tierra Polar. Madrid, Enero de 2012. 96 páginas.